Peñas del Diablo

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20 de febrero de 2011, a las 7 de la mañana nos ponemos en la carretera dirección a Bejís para coronar una de las cimas más altas de los alrededores, la Peña Salada. Al final nos tuvimos que conformar con llegar hasta Peñas del Diablo, así que Peña Salada sigue pendiente para una nueva ocasión con más tiempo.

A las 8 de la mañana ya estábamos Sanchez y yo sobre la bicicleta, nadie más se animó a venir. Después de una pequeña bajada a la salida de Bejís comenzamos el sufrimiento. Por una carretera estrecha subimos hacia Arteas de Abajo superando rampas de más del 10 %. A pesar de ello se lleva bien, nos pilla descansados y el terreno acompaña.
En vez de continuar por la carreterita nos metemos por dentro de Arteas de Abajo donde pillamos a la salida del pueblo un rampón del 15 % con un terreno bastante difícil. Una vez superamos esta rampa, por un camino que discurría por la ladera de la montaña llegamos a Arteas de Arriba. Este fue el último atisbo de civilización que cruzamos en lo que nos quedaba de ruta.
Una vez salimos del pequeño pueblo una sucesión de rampas, muchas de ellas cercanas al 15 % nos condujeron hacia las Lomas del Murciegano donde nos encontramos con el rampón de la jornada, 19 % de desnivel combinado con piedra suelta. Fue una de las pocas veces que había visto sufrir a Sanchez quién tuvo que recurrir al molinillo. Mi molinillo ya hacia rato que echaba humo.
A partir de aquí terreno rompepiernas lleno de subidas y bajadas hasta llegar a la ascensión al collado de Bardés. Si miramos el perfil podríamos pensar que se trata de una subida no excesivamente dura ya que su desnivel ronda el 10 % y en pocas ocasiones lo supera, pero mantener este desnivel durante 4 km y con piedra suelta que hace patinar la rueda trasera cada dos por tres además de hacer que pierdas el equilibrio a la mínima de cambio a mi me mató. Acobardado del terreno acabé coronando mediante la técnica del PataBike. Sin embargo, Sánchez, no sin ciertas dificultades consiguió llegar arriba sobre la bicicleta.
Nos quedaban dos kilómetros para Peña Salada pero se nos hacia demasiado tarde, así que decidimos recortar y bajar por Peñas del Diablo y el barranco del resinero hacia los coches.
La bajada parecía que iba a ser sencilla, pista buena y ancha. Pero apareció un nuevo elemento en nuestra contra, la nieve y sobre todo el hielo que se amontonaba en las hombrías y nos hacían cortar el ritmo ya que era imposible mantener el equilibrio. Por pasarme de valiente en dos ocasiones acabé con mi posaderas en el suelo.
A pesar de ello, poco a poco fuimos bajando por ese precioso barranco que desemboca muy cerca del nacimiento del río Palancia. Al final, 4 horas para hacer únicamente 36 km. Un IBP de 120 para una ruta tan corta lo dice todo, aunque debido a la dificultad del terreno, este índice todavía debería ser más alto.

RUTA



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